Icaro y la curiosidad

1.500,00 

Técnica mixta sobre lienzo
92 x 73 cm

El mito de Ícaro y Dédalo es uno de los más hermosos de la mitología griega. Nos habla, de forma alegórica, del poder del ingenio, pero también de las trampas que plantean la ambición.

Ícaro consiguió volar con alas hechas de plumas pegadas con cera, invento de su padre, pero en su vuelo escapando de Creta y del rey Minos, se acercó tanto al sol por la emoción del vuelo, que se fundió la cera estropeando sus alas, cayó al mar y se ahogó.

Tanto Dedalo (el constructor del laberinto del minotauro) como su hijo destacan por su ingenio y saber científico. No resulta difícil, por tanto, establecer un punto de unión con la novela de Shelley “Frankenstein o el moderno Prometeo”.
Icaro vuela hacia Apolo, hacia el sol, como el humano que pretende acercarse a dios, pero no como un ser servil, sino como creador, como científico y por lo tanto es castigado.

De la misma forma el mito bíblico de Lucifer (portador de luz, del latín lux (luz) y ferre (llevar)) encuentra en su ansia de ser algo más un fatal destino. El ángel que se rebela contra Dios, el primer apóstata o caído, repite el concepto que se ofrece en el episodio del pecado original con el árbol del conocimiento. La adquisición y transmisión el conocimiento es una afrenta contra Dios.

El mito, siempre tratado muy negativamente, trata sobre la curiosidad innata del humano apasionado por el conocimiento, la atracción por lo desconocido y la cantidad de fracaso que es necesario para conseguir un conocimiento verdadero. Y ante todo y sobre todo de la necesidad del ser humano de alzarse pese al peligro de la caída.

Peso 2 kg
Dimensiones 2.5 × 92 × 73 cm

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